PIEL SENSIBLE. CUIDADOS Y RECOMENDACIONES.

2 enero, 2020

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¿Tienes rojeces en la piel tras comer comidas picantes? ¿Sientes tu piel irritada con enrojecimiento? ¿Tu piel es muy reactiva frente a cambios bruscos de temperatura? Si tienes algunos de estos síntomas, quizás tengas la piel sensible. 

¿Qué es la piel sensible?

Una piel sensible con rojeces es aquella que reacciona más rápido y con más intensidad frente a estímulos como: 

  • Alimentación inadecuada
  • Estilo de vida urbano (contaminación ambiental: humos, dióxidos, plomo…)
  • Exposición solar
  • Cambios bruscos de temperatura
  • Consumo de: bebidas calientes, alcohol, comidas picantes o especiadas, bebidas estimulantes…
  • Situaciones de estrés
  • Cambios hormonales…

Se caracteriza por ser muy fina, delicada y blanca. Su apariencia es frágil y generalmente es una piel seca. Puede alternar episodios de normalidad con otros de irritación con enrojecimiento, sequedad extrema, descamación, erupciones, prurito (picor), calor y sensación de tirantez. Además, las pieles sensibles envejecen más rápido y la aparición de arrugas puede ser prematura.

 

¿Cuántos tipos de piel sensible se pueden diferenciar?

Podemos diferenciar varios tipos:

  1. Piel sensible natural: es fina, clara, seca y se descama y enrojece con facilidad. 
  2. Piel sensible reactiva: el frío, el sol, el viento, el uso de productos inadecuados para la piel, un peeeling, láser… pueden ocasionar una reacción activa de la piel. 
  3. Piel ocasionalmente sensible: una afección cutánea, como puede ser la dermatitis seborreica, puede activar la sensibilidad de la piel.

La sensibilidad puede aparecer en cualquier tipo de piel (seca, mixta, grasa, joven, madura… Además, hay que tener en cuenta que la piel es el único órgano expuesto al medio ambiente y por esta razón es extremadamente vulnerable.

 

¿Qué diferencia hay entre piel sensible y piel sensibilizada?

 La piel sensible reacciona de forma desmesurada frente al viento, frío, ciertos cosméticos, limpieza exhaustiva o incluso a las aguas de gran dureza. En ocasiones, la piel sensible puede convertirse en alérgica, apareciendo picores, enrojecimiento y descamación.

La piel sensibilizada aparece a consecuencia de ciertas intolerancias a productos cosméticos de uso diario (por ejemplo, el gel de baño), llegando a producir verdaderas alergias con urticaria y/o eccemas.

 

¿Qué relación tiene la piel sensible con la cuperosis y la rosácea?

En relación a la piel sensible se podría enmarcar la cuperosis y la eritrosis (aunque no se llegan a considerar patologías), que se caracterizan por problemas de microcirculación en los vasos sanguíneos de la piel facial. Por lo tanto, se puede apreciar a simple vista los capilares faciales y un enrojecimiento facial general.

Si durante los primeros síntomas no se toman las medidas preventivas necesarias, podría evolucionar a rosácea. La rosácea si es una patología de la piel y se caracteriza por un enrojecimiento crónico con presencia de telangiectasias en el rostro.  Afecta al 10% de la población (más frecuente en mujeres). La rosácea aparece principalmente en zonas seborreas como nariz, mejillas, mentón, frente y entrecejo, pero puede llegar a cubrir toda la cara hasta el cuello. Los síntomas pueden variar mucho de unos pacientes a otros. 

 

¿Cómo debemos cuidar la piel sensible?

La piel necesita un tratamiento adecuado con cosméticos específicamente formulados, de manera que respeten el equilibrio natural de la piel, sin alterarla y estos cosméticos deberán contener: 

  • Sustancias calmantes, descongestionantes y suavizantes: como el extracto de algodón, la ramnosa, dextrano…
  • Sustancias vasoprotectoras: como ruscus, castaño de indias o hamamelis, para los casos de rojeces intensas o cuperosis.
  • Sustancias antioxidantes: como la caléndula, la vitamina E…
  • Sustancias hidratantes y nutritivas: como la caléndula, aceite de argán, ácido hialurónico…

Una buena higiene e hidratación serán la base del cuidado de la piel sensible. Una piel sensible hidratada y protegida puede recuperar todo su confort y suavidad a largo plazo.

HIGIENE: la limpieza de la piel sensible debe ser con jabones muy suaves sin detergentes. Están indicados el uso de aguas micelares y texturas tipo mousse.

HIDRATACIÓN: la hidratación será siempre con cremas hipoalergénicas o específicas para pieles sensibles.

 

Recomendaciones:  

  1. Evitar cambios bruscos de temperatura.
  2. Usar diariamente un fotoprotector que proteja frente a radiaciones UVA, UVB e IR, con un índice de protección alto (50+).
  3. Exponerse lo mínimo a la contaminación ambiental.
  4. Moderar la ingesta de comidas muy picantes y/o especiadas, alcohol, cafeína, chocolate, nueces, almendras, quesos curados… ya que pueden provocar enrojecimiento facial. Una dieta rica en frutas y verduras ayuda a prevenir este tipo de situaciones.
  5. Evitar cosméticos abrasivos, exfoliantes y que contengan alcohol, mentol, hierbabuena o eucalipto, para reducir las irritaciones.
  6. Evitar cosméticos muy oleosos. Utilizar productos que limpien por emulsión, absorción y/o adsorción (geles de baño, champús, agua micelar…).
  7. Lavar la cara con agua tibia. No usar cepillos, esponjas para la higiene. Evitar: frotar la piel, los  peelings, limpiezas faciales al vapor…
  8. Problemas de ansiedad o estrés favorecen la aparición de rojeces en las pieles sensibles.
  9. Evitar el uso de cremas con corticoides y medicamentos vasodilatadores.
  10. Acudir siempre a un especialista en dermatología siempre que los síntomas persistan o empeoren. Será el médico quien prescriba el tratamiento más adecuado, en función de las lesiones de la piel y la evolución de las mismas.

 

 

Fuentes:

Cinfa Salud. Cuidado diario de la piel.

Sociedad española de farmacia comunitaria. Recomendaciones para la población.

 

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